Fukushima y después: Apuntes para pensar controversias y resistencias a la tecnología nuclear en Argentina

El rechazo a la energía nuclear sea tal vez una característica emblemática del movimiento ecologista en la sociedad civil. A su vez, acaso sea el aspecto que más críticas recibe de parte de quienes dicen defender una visión "científica" del desarrollo. En este ensayo, el investigador Agustín Píaz puntualiza que dentro del movimiento antinuclear argentino existen también actores “expertos”, incluyendo profesionales de seguridad nuclear. Más importante aún: este tipo de polémicas públicas resulta "una dimensión constitutiva del ejercicio de la democracia".

ENSAYO
Por Agustín Piaz*

Primera reunión de MARA, Movimiento Antinuclear de la República Argentina. Fotografía  Natalia Ardissone.


Desde comienzos del nuevo milenio, sectores promotores de la energía nuclear buscaron dar un nuevo impulso a la producción de nucleoelectricidad en el mundo apoyándose en la caracterización de esta fuente de energía como limpia y capaz de mitigar el cambio climático. Uno de los principales argumentos sostiene que la tecnología nuclear, a diferencia de otras fuentes de energía que utilizan combustibles fósiles, no produce emisiones de gases que contribuyan con el incremento del efecto invernadero.

Sin embargo, este llamado “renacer nuclear” ha impulsado también múltiples controversias en el escenario global que alcanzaron picos de visibilidad en la esfera pública tras el accidente ocurrido en Fukushima Daiichi en 2011. Este hecho volvió a llamar la atención sobre los riesgos asociados al proceso productivo de la nucleoelectricidad y la implementación de los usos pacíficos de esta tecnología.

Lo ocurrido en Argentina no fue una excepción. Por el contrario, se registraron en el país acciones de resistencia que incluyeron movilizaciones masivas y acciones colectivas de protesta en distintos puntos del territorio nacional. Estas acciones se focalizaban en diversas etapas del proceso productivo de nucleoelectricidad: minería y tratamiento del uranio, fabricación de combustibles nucleares, producción de energía así como manejo y disposición final de residuos radioactivos.

A diez años del accidente de Fukushima, en este ensayo breve presentamos, por un lado, algunas entradas analíticas para pensar las resistencias y procesos de discusión pública de la tecnología nuclear en Argentina. Por otro lado, sostenemos que las resistencias -si bien no fueron masivas- han dejado huellas, impactando tanto en procesos tecnológicos como en formas de llevar adelante reclamos. A modo de corolario, proponemos pensar la (irresuelta) polémica pública por la producción de nucleoelectricidad en Argentina como una dimensión constitutiva del ejercicio de la democracia.


(Tres) Puntos de partida

En primer lugar, es menester reparar en las características y particularidades que presenta la tecnología nuclear. Por un lado -tal como señala la bibliografía especializada- se trata de una de las tecnologías que más se ha consolidado desde mediados del siglo pasado hasta la actualidad. Ello gracias a su potencial innovador en un amplio conjunto de cuestiones vinculadas con la ciencia y la tecnología en general, como capacitación de recursos humanos, desarrollo de materiales, ciencia básica y aplicada. Asimismo, por el espacio que comenzó a ocupar en los ámbitos políticos, económicos, sociales y culturales donde fue desarrollada, implementada o sometida a discusión pública.

Sin embargo, es también una de las tecnologías más cuestionadas y resistidas desde sus orígenes, debido en parte a los altos niveles de percepción del riesgo asociados a sus características constitutivas, como la posibilidad de provocar accidentes con resultados catastróficos o daños irreversibles al ambiente y la salud de la población por extensos períodos de tiempo. Al mismo tiempo, existen también razones socioculturales asociadas, con potenciales usos bélicos, imágenes como el hongo que se forma tras explosiones nucleares o el reloj del fin del mundo.

En segundo lugar, es indispensable contemplar la historia, enmarcados (tecno-políticos) e implicancias de su desarrollo en el escenario nacional. La Argentina tiene una vasta tradición en investigación y desarrollo de tecnología nuclear construida en más de sesenta años de historia, durante los cuales se alcanzaron algunos de los hitos científico-tecnológicos más significativos para el país y la región. 

Entre estos se destacan la puesta en marcha de reactores de investigación y potencia, aceleradores de partículas, el dominio de diversas etapas de la producción de combustible nuclear y la exportación de reactores de investigación e insumos varios vinculados a esta tecnología. Incluso el devenir del desarrollo nuclear ha sido caracterizado por el Secretario de Planeamiento y Políticas en Ciencia, Diego Hurtado, como un caso paradigmático y excepcional de desarrollo de una tecnología capital-intensiva que posibilitó el surgimiento y consolidación de un régimen tecno-político construido en torno a un gran sistema tecnológico.

Como parte de los resultados de este proceso, Argentina es en la actualidad un país líder en tecnología nuclear en América Latina y, junto con Brasil y México, uno de los tres únicos que produce nucleoelectricidad en la región. Mientras que Argentina cuenta con tres reactores en funcionamiento -Atucha I, Atucha II y Embalse- (y otros proyectos en carpeta), Brasil y México cuentan con dos reactores: Angra I y Angra II; y Laguna Verde I y Laguna Verde II, respectivamente.

En tercer lugar, pero no por ello menos importante, es necesario contemplar que las resistencias al proceso productivo de la nucleoelectricidad en Argentina no han surgido ad hoc en el nuevo milenio ni tras el accidente de Fukushima. Por el contrario, se han registrado desde el retorno a la democracia hasta la actualidad, alternando picos de visibilidad en la esfera pública. Como anticipamos, las resistencias han puesto el foco en distintas etapas del proceso productivo de la nucleoelectricidad, en ocasiones impulsando controversias de magnitud en la esfera pública.

Entre éstas se encuentran, entre otras de relevancia:
  • protestas que comenzaron en los años ochenta contra los proyectos de instalación de un repositorio final de residuos radioactivos en la localidad patagónica de Gastre;
  • discusiones en torno a la venta de un reactor de investigación a Australia por parte de la empresa argentina INVAP y la posibilidad de que ingresaran al país residuos radioactivos/combustible gastado;
  • protestas en los municipios de Ezeiza y Esteban Echeverría por la presunta contaminación con uranio de las napas como consecuencia de las actividades realizadas en el centro atómico lindero;
  • cuestionamientos a la extracción y manipulación del uranio en provincias como Córdoba, Mendoza, Chubut, La Rioja o Formosa;
  • y disputas por localización de reactores de potencia, entre las que se destacan tanto los históricos cuestionamientos a las centrales de Embalse y Atucha I y II, como el más reciente rechazo a los proyectos de instalación de una central nuclear en la Provincia de Río Negro.

Sur, Fukushima y después…


Las resistencias antinucleares en Argentina -en ocasiones minimizadas e incluso invisibilizadas -no sólo se han consolidado y multiplicado desde el retorno a la democracia hasta la actualidad, sino que también han impactado en procesos tecnológicos vinculados a la producción de nucleoelectricidad. Asimismo, han impactado también de manera recursiva en las formas en que se llevan adelante los reclamos, posibilitando la consolidación de discursos, repertorios de acción colectiva y estableciendo relaciones entre organizaciones de movimiento social que recientemente confluyeron en el Movimiento Antinuclear de la República Argentina (MARA).

En el primer encuentro del MARA, celebrado en la localidad bonaerense de Zárate en 2018, se reunieron -o bien expresaron su apoyo a la distancia- actores que durante las últimas décadas ha impulsado discusiones y acciones colectivas de protesta que dieron visibilidad a los cuestionamientos al desarrollo nuclear en la esfera pública. Entre estos es posible identificar expertos científicos y técnicos –médicos, paleontólogos, biólogos, profesionales de la seguridad radiológica y nuclear, abogados, físicos, entre otros- que han aportado saber experto en el devenir de las controversias, produciendo informes, debatiendo públicamente, apoyando protestas o colaborando en su difusión pública.

Por tanto, es importante apartarse de las conceptualizaciones que señalan la existencia de dicotomías -en ocasiones presentadas como insalvables- entre actores expertos y no expertos que participan en las discusiones sobre la tecnología nuclear, para prestar mayor atención a las alianzas que se entretejen entre el polo resistente con profesionales de la ciencia y la tecnología. Tales alianzas ponen en evidencia que las resistencias no son sostenidas por individuos aislados sino por grupos heterogéneos de actores que poseen diversos tipos de experticia y conocimiento.

Más allá del riesgo

Como anticipamos, la cuestión del riesgo es una dimensión central en las resistencias a la producción de nucleoelectricidad por las características particulares y distintivas que presenta esta tecnología. Sin embargo, no es la única, ya que como señalaron Nelkin y Pollack en The Atom Beseiged (El Átomo Asediado): los cuestionamientos a la tecnología nuclear no giran sólo en torno a la cuestión del riesgo y sus dimensiones técnicas. Por el contrario, y en consonancia con lo que observa en las distintas controversias que emergieron en el país, problematizan dimensiones sociales, culturales, económicas y políticas de la tecnología, como los impactos de su desarrollo e implementación en las “formas de ejercicio de la autoridad y el poder, los conceptos de libertad y el orden, la distribución de recursos políticos y económicos, –es decir- la mismísima fábrica de la vida política”.

En términos más generales, es posible señalar que los cuestionamientos y las resistenciasa la producción de nucleoelectricidad se inscriben -y busca impactar- en la lucha por la orientación de las políticas públicas sobre energía y ambiente. En este sentido, conformanuna polémica pública e inherentemente política que, como propone Chantal Mouffe al escribir En torno a lo político, tiene siempre una dimensión antagónica que la constituye. Esta dimensión conflictual, si bien puede resultar insalvable, no debe ser entendida como un problema. Al contrario: lejos de constituir una traba para el desarrollo, la polémica pública por el desarrollo nuclear en Argentina resulta una condición necesaria y fundamental en el devenir del ejercicio de la democracia.


Sobre el Autor:

* Agustín Piaz es Doctor en Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires (UBA), Magíster en Sociología de la Cultura y el Análisis Cultural y Licenciado en Comunicación Audiovisual por la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM). Es Profesor Adjunto de la Escuela de Humanidades (UNSAM), de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo (UBA) e investigador posdoctoral en el Laboratorio de Investigación en Ciencias Humanas (LICH-CONICET-UNSAM). Entre sus líneas de trabajo se destacan los estudios sobre controversias y procesos discusión de la Ciencia y la Tecnología que se desarrollan en la esfera pública, especialmente aquellos que versan sobre acciones de resistencia a tecnologías vinculadas con la producción de energía y la cuestión ambiental.


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