La XXV Reunión de las Partes de la Convención de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (COP-16) concluyó la primera de las dos semanas de trabajo en la ciudad mexicana de Cancún. ¿Es posible alcanzar un acuerdo multilateral sólido al tiempo que circulan pruebas de la visión unipolar de los Estados Unidos de América?
El año pasado, todas las expectativas estaban puestas en la COP-15 de Copenhague, en la que se prometía negociar un acuerdo vinculante para el periodo posterior al 2012. El presidente de México, Felipe Calderón, anfitrión de la COP-16, estuvo presente ayer en la XX Cumbre Iberoamericana en Mar del Plata, donde solicitó apoyo político y expresó: "El costo político de la frustración de Copenhague costó mucho trabajo revertirlo. Se bajaron las expectativas para lograr un acuerdo pragmático y estamos a punto de conseguirlo. Si los países iberoamericanos empujamos, estoy seguro que se alcanzarán resultados importantes".
Las negociaciones. En su discurso, completamente dedicado al cambio climático, Calderón hizo una buena síntesis de qué se está discutiendo en Cancún. En realidad, ya desde la COP-13 en Bali, se abrió un camino de negociación a dos vías. Por un lado, se habla de la posible continuidad del Protocolo de Kyoto, firmado en 1997, que establece reducciones de emisiones en forma obligatoria para los países desarrollados (incluidos en el Anexo I) durante el periodo 2008 - 2012. Por otro lado, se conversan mecanismos de cooperación a largo plazo, en los que pueden trabajar todas las naciones bajo una visión común.
La cuestión clave es la misma de siempre: ¿Cómo interpretar el principio de las responsabilidades comunes pero diferenciadas, que busca establecer el parámetro de justicia en los acuerdos de reducción de emisiones? En la semana que pasó, la delegación japonesa fue noticia porque expresó con claridad que rechazaría cualquier acuerdo que busque implementar un segundo periodo de compromisos para el Protocolo de Kyoto. Su discurso sostiene que, desde 1997, la situación mundial ha cambiado y que los países con obligaciones bajo este instrumento solo representan el 27 por ciento de las emisiones globales.
China y Estados Unidos. Es en este punto donde buena parte de la opinión pública internacional ha encontrado un nuevo enemigo de peso: China sería la principal culpable del fracaso de las negociaciones climáticas, debido a que es el país más contaminante del mundo y no acepta reducir sus emisiones. Como ya se ha señalado, este argumento debe ser, al menos, matizado. Si es verdad que los últimos estudios demuestran que China es hoy el mayor "contribuyente" al calentamiento global, esto es en términos totales (sin considerar las emisiones per capita) y observando solo "la foto" actual (sin observar las emisiones históricas).
Se trata de soslayar, así, la gran responsabilidad de Estados Unidos en el fracaso de las acciones de la comunidad internacional en detener el cambio climático. Este país aceptó las negociaciones que llevaron a la redacción del Protocolo de Kyoto en 1997, pero luego se negó a ratificarlo mediante su parlamento. La administración Bush ejerció durante años una diplomacia de veto unipolar, hasta que recién en el 2004 la Unión Europea convenció a Rusia de ingresar al acuerdo y entró en vigencia el Protocolo. El tiempo de estancamiento supuso una gran incertidumbre.
Nortes y Sures, la continuación. En realidad, aunque para la prensa puedan parecer como adversarios, y en algún sentido lo sean, Estados Unidos y China son hoy aliados estratégicos, por su posición conservadora frente a las reducciones de emisiones. De hecho, el llamado "Acuerdo de Copenhague", que estableció solo medidas voluntarias de mitigación, fue redactado por estos dos países, más los socios de China en el grupo "BASIC": Brasil, Sudáfrica e India. Estos últimos, los conocidos como "gigantes emergentes", junto con países como México y Corea del Sur, se niegan a firmar cualquier tipo de reducción a nivel vinculante, como desean Japón y la Unión Europea, sobre todo.
La principal oposición al Acuerdo de Copenhague la realizan hoy los países del ALBA, entre los que se destaca Bolivia, que ha tomado protagonismo luego de que organizara la Cumbre de los Pueblos sobre Cambio Climático y Derechos de la Madre Tierra. Aunque tanto los países del ALBA como los del BASIC forman parte del G-77, que agrupa a los "países en desarrollo", son evidentes las tensiones entre ellos. La Cumbre de los Pueblos llamó a no aceptar que la temperatura llegue a subir 2 grados, como se planteó en Copenhague, y rechazó los mecanismos de mercado vigentes desde Kyoto.
Iberoamérica en Mar del Plata. Estas diferencias no pudieron evadirse en la Cumbre Iberoamericana, en la cual solo se consideraron dos muy breves documentos, uno de apoyo a "las labores" de México, y otro en el que se saluda la Iniciativa Yasuní ITT del gobierno de Ecuador. Calderón, consciente de estas dificultades, realizó un discurso moderado, que intentó mediar entre ambas posturas, y llamó a no asumir posturas radicales (ver video debajo). Asimismo, el anfitrión de la COP-16 invitó a los jefes de Estado a hacerse presentes en Cancún; algo que confirmaron Evo Morales y Hugo Chavez. Por contrario, el presidente de Brasil, Lula da Silva, ya descartó asistir porque "ningún acuerdo será alcanzado"; para él, el Acuerdo de Copenhague es suficiente
El presidente de Ecuador, Rafael Correa, tampoco tiene demasiadas esperanzas sobre Cancún, aunque volvió a pedir en Mar del Plata que se apoye la Iniciativa Yasuní ITT en el marco de la "Propuesta de Emisiones Netas Evitadas", en la que se solicita una compensación de 3 mil millones de dólares por no explotar 846 millones de barriles de petróleo en áreas de gran biodiversidad. Para este mandatario, se trata de una propuesta superadora del REDD (impulsada por Brasil que podría obtener fondos por el Amazonas) ya que "se limita al bosque en pie".
La buena fe, y el realismo. Sin dudas, la noticia internacional de la semana que pasó no fue el inicio de la COP-16 en Cancún, sino la filtración en internet de cables y documentos de la diplomacia de Estados Unidos de América en casi todo el mundo. Sin embargo, ambos sucesos están conectados. Así lo demostró el discurso del vicepresidente de Bolivia, Álvaro García Linera, en la Cumbre de Mar del Plata, al señalar por un lado que "hoy tenemos pruebas de la política de la diplomacia imperial" y, además, que "se escuchen las voces del pueblo" en las negociaciones del cambio climático.
La diplomacia internacional se basa en que "los acuerdos se cumplen de buena fe", según establece el Convenio de Viena sobre Tratados. Sin embargo, lo que opera en las negociaciones entre los distintos estados nacionales, es una lógica cercana al realismo político, en la cual opera la desconfianza. Las filtraciones que difundió WikiLeaks no hacen más que profundizar este mal clima. Si es así, y el segmento de "alto nivel" que comienza esta semana no consigue resultados, habrá que profundizar la alternativa "desde abajo", en donde los pueblos y la sociedad civil tienen un rol fundamental que interpretar.
Informe: P. Gavirati (IIGG- UBA)
Ver más:
En Copenhague, el planeta fue el principal perdedor (23/1/2010)
Cambia el clima, ¿cambia la política? (8/11/2009)
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México, organizador de la COP-16, pidió apoyo político a la Cumbre Iberoamericana. |
El año pasado, todas las expectativas estaban puestas en la COP-15 de Copenhague, en la que se prometía negociar un acuerdo vinculante para el periodo posterior al 2012. El presidente de México, Felipe Calderón, anfitrión de la COP-16, estuvo presente ayer en la XX Cumbre Iberoamericana en Mar del Plata, donde solicitó apoyo político y expresó: "El costo político de la frustración de Copenhague costó mucho trabajo revertirlo. Se bajaron las expectativas para lograr un acuerdo pragmático y estamos a punto de conseguirlo. Si los países iberoamericanos empujamos, estoy seguro que se alcanzarán resultados importantes".
Las negociaciones. En su discurso, completamente dedicado al cambio climático, Calderón hizo una buena síntesis de qué se está discutiendo en Cancún. En realidad, ya desde la COP-13 en Bali, se abrió un camino de negociación a dos vías. Por un lado, se habla de la posible continuidad del Protocolo de Kyoto, firmado en 1997, que establece reducciones de emisiones en forma obligatoria para los países desarrollados (incluidos en el Anexo I) durante el periodo 2008 - 2012. Por otro lado, se conversan mecanismos de cooperación a largo plazo, en los que pueden trabajar todas las naciones bajo una visión común.
La cuestión clave es la misma de siempre: ¿Cómo interpretar el principio de las responsabilidades comunes pero diferenciadas, que busca establecer el parámetro de justicia en los acuerdos de reducción de emisiones? En la semana que pasó, la delegación japonesa fue noticia porque expresó con claridad que rechazaría cualquier acuerdo que busque implementar un segundo periodo de compromisos para el Protocolo de Kyoto. Su discurso sostiene que, desde 1997, la situación mundial ha cambiado y que los países con obligaciones bajo este instrumento solo representan el 27 por ciento de las emisiones globales.
China y Estados Unidos. Es en este punto donde buena parte de la opinión pública internacional ha encontrado un nuevo enemigo de peso: China sería la principal culpable del fracaso de las negociaciones climáticas, debido a que es el país más contaminante del mundo y no acepta reducir sus emisiones. Como ya se ha señalado, este argumento debe ser, al menos, matizado. Si es verdad que los últimos estudios demuestran que China es hoy el mayor "contribuyente" al calentamiento global, esto es en términos totales (sin considerar las emisiones per capita) y observando solo "la foto" actual (sin observar las emisiones históricas).
Se trata de soslayar, así, la gran responsabilidad de Estados Unidos en el fracaso de las acciones de la comunidad internacional en detener el cambio climático. Este país aceptó las negociaciones que llevaron a la redacción del Protocolo de Kyoto en 1997, pero luego se negó a ratificarlo mediante su parlamento. La administración Bush ejerció durante años una diplomacia de veto unipolar, hasta que recién en el 2004 la Unión Europea convenció a Rusia de ingresar al acuerdo y entró en vigencia el Protocolo. El tiempo de estancamiento supuso una gran incertidumbre.
Nortes y Sures, la continuación. En realidad, aunque para la prensa puedan parecer como adversarios, y en algún sentido lo sean, Estados Unidos y China son hoy aliados estratégicos, por su posición conservadora frente a las reducciones de emisiones. De hecho, el llamado "Acuerdo de Copenhague", que estableció solo medidas voluntarias de mitigación, fue redactado por estos dos países, más los socios de China en el grupo "BASIC": Brasil, Sudáfrica e India. Estos últimos, los conocidos como "gigantes emergentes", junto con países como México y Corea del Sur, se niegan a firmar cualquier tipo de reducción a nivel vinculante, como desean Japón y la Unión Europea, sobre todo.
La principal oposición al Acuerdo de Copenhague la realizan hoy los países del ALBA, entre los que se destaca Bolivia, que ha tomado protagonismo luego de que organizara la Cumbre de los Pueblos sobre Cambio Climático y Derechos de la Madre Tierra. Aunque tanto los países del ALBA como los del BASIC forman parte del G-77, que agrupa a los "países en desarrollo", son evidentes las tensiones entre ellos. La Cumbre de los Pueblos llamó a no aceptar que la temperatura llegue a subir 2 grados, como se planteó en Copenhague, y rechazó los mecanismos de mercado vigentes desde Kyoto.
Iberoamérica en Mar del Plata. Estas diferencias no pudieron evadirse en la Cumbre Iberoamericana, en la cual solo se consideraron dos muy breves documentos, uno de apoyo a "las labores" de México, y otro en el que se saluda la Iniciativa Yasuní ITT del gobierno de Ecuador. Calderón, consciente de estas dificultades, realizó un discurso moderado, que intentó mediar entre ambas posturas, y llamó a no asumir posturas radicales (ver video debajo). Asimismo, el anfitrión de la COP-16 invitó a los jefes de Estado a hacerse presentes en Cancún; algo que confirmaron Evo Morales y Hugo Chavez. Por contrario, el presidente de Brasil, Lula da Silva, ya descartó asistir porque "ningún acuerdo será alcanzado"; para él, el Acuerdo de Copenhague es suficiente
El presidente de Ecuador, Rafael Correa, tampoco tiene demasiadas esperanzas sobre Cancún, aunque volvió a pedir en Mar del Plata que se apoye la Iniciativa Yasuní ITT en el marco de la "Propuesta de Emisiones Netas Evitadas", en la que se solicita una compensación de 3 mil millones de dólares por no explotar 846 millones de barriles de petróleo en áreas de gran biodiversidad. Para este mandatario, se trata de una propuesta superadora del REDD (impulsada por Brasil que podría obtener fondos por el Amazonas) ya que "se limita al bosque en pie".
La buena fe, y el realismo. Sin dudas, la noticia internacional de la semana que pasó no fue el inicio de la COP-16 en Cancún, sino la filtración en internet de cables y documentos de la diplomacia de Estados Unidos de América en casi todo el mundo. Sin embargo, ambos sucesos están conectados. Así lo demostró el discurso del vicepresidente de Bolivia, Álvaro García Linera, en la Cumbre de Mar del Plata, al señalar por un lado que "hoy tenemos pruebas de la política de la diplomacia imperial" y, además, que "se escuchen las voces del pueblo" en las negociaciones del cambio climático.
La diplomacia internacional se basa en que "los acuerdos se cumplen de buena fe", según establece el Convenio de Viena sobre Tratados. Sin embargo, lo que opera en las negociaciones entre los distintos estados nacionales, es una lógica cercana al realismo político, en la cual opera la desconfianza. Las filtraciones que difundió WikiLeaks no hacen más que profundizar este mal clima. Si es así, y el segmento de "alto nivel" que comienza esta semana no consigue resultados, habrá que profundizar la alternativa "desde abajo", en donde los pueblos y la sociedad civil tienen un rol fundamental que interpretar.
Informe: P. Gavirati (IIGG- UBA)
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Cambia el clima, ¿cambia la política? (8/11/2009)
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