De un día para el otro, la Presidente Cristina Fernández declaró que "los árboles son sagrados". Esto abrió una coyuntura distinta en el "debate ambiental". Es decir, un grado mayor (preocupante) de cinismo y superficialidad.
Por supuesto, Greenpeace puede "defenderse" por sí misma y ya ha presentado su declaración respecto al tema. En tal sentido, aquí se toma este punto para discutir otras cuestiones. En primer lugar, la superficialidad del discurso oficialista, que se legitima en primera instancia por la frase de la Presidente Cristina Fernández: "Los árboles son sagrados. Los árboles no se tocan". Enumeramos algunos puntos:
1) En primer lugar, en muchas ocasiones parte del oficialismo minimizó a esta problemática, llamando a los asambleístas contra la mega-minería con el apelativo "hippie" utilizado en forma despectiva. De este modo, se busca caracterizar al ambientalismo en general como un movimiento superficial, basado en un romántico amor a la naturaleza. La operación realizada ahora es totalmente contradictoria con esto. De hecho, otra descalificación hacia los ambientalistas es llamarlos "abraza-árboles".
2) No hay duda entonces que la frase de la Presidente fue la que causó el cambio en esta coyuntura. ¿Pero qué puede decirse de la preocupación de la mandataria sobre "los árboles"? Es cierto que la frase se aplicó a El Calafate (lo cual dará lugar a otros análisis), pero más precisamente como forma de criticar al gobierno porteño. Esto se hizo explícito por la mención a la parquización de Tecnópolis. Por lo tanto, el principal objetivo es político- partidario, enunciado en términos "verdes".
3) Se ha usado una frase común "Que el árbol no tape al bosque". Pues bien, si nos atenemos al estricto valor ecológico, no puede compararse un bosque nativo con un parque urbano. Este último por supuesto tiene relevantes funciones, pero no las de cabecera de cuenca, patrimonio de biodiversidad o sumidero de carbono. Así como el ser humano es en sociedad, el árbol es en función de su ecosistema. Si se cree realmente que el árbol es sagrado, el primer lugar para protegerlo sería en el bosque nativo.
4) Lo anterior es lo que justamente no se cumple. Tal vez una de las causas del "ataque" a Greenpeace es que esta sea una de las organizaciones con mayor poder mediático que se sumó a la denuncia por la falta de cumplimiento de la Ley de Bosques Nativos. Como también difundió ComAmbiental, desde la sanción de la Ley en 2007 no se evitó la deforestación de un millón de hectáreas. Y unido a lo anterior, tampoco es un valor meramente ecológico, puesto que se trata de "bosques con gente".
5) Por supuesto, una cuestión no quita la otra. Que un bosque nativo sea más importante que un parque urbano, no significa que éste no sea importante como tal. La fuente de preocupación se establece justamente cuando se establece su comparación. Y en ese caso cabe preguntarse, por qué 678 y otros medios oficialistas no cubren la grave problemática de la deforestación. Tal vez porque es un punto ciego que indica la continuidad y profundización del modelo sojero de los agronegocios en Argentina.
6) La última pregunta: ¿Cuán cierto es el compromiso del oficialismo nacional con los parques urbanos? Este punto es el que mayor cinismo le da a la frase de Cristina. Porque el conflicto por el metrobús no es el primero que ocurre sobre estos temas. Por ejemplo, otro muy relevante es el ocasionado por la construcción del Vial Costero en defensa del "Bosquecito" del Parque de la Costa en Vicente López. En aquella ocasión, a los "abraza-árboles" les había dedicado otro epíteto: "energúmenos".
7) Por lo tanto, la única lógica para entender la frase de Cristina no se puede explicar por su compromiso ambiental, ni siquiera por el arbolado urbano. En aquella ocasiones, Vicente López estaba gobernada por un aliado del oficialismo nacional. Tal vez si las protestas sucedieran ahora, cuando el PRO llegó al poder en ese partido, Cristina cambie su consideración para quienes defienden "El Bosquecito". Y no sean más personas "anti-progreso" sino defensores de "lo sagrado".
8) De más está decir que la crítica al discurso de la Presidente no significa una defensa al gobierno porteño de Mauricio Macri. Y reiteramos que la acusación principal es la falta de participación ciudadana en un tema importante para una Ciudad como Buenos Aires: los espacios públicos verdes. En este sentido, la discusión sobre los árboles es parcial si no entendemos también el conjunto, que es el parque urbano, del cual la 9 de julio es un caso muy particular en su forma.
9) "Ceibos en flor. Lapachos rosados a full. Palos borrachos lanzando sus algodones. La Naturaleza de Pie, por ej., en la Av. 9 de Julio", había expresado Javier Corcuera, Presidente de la Agencia de Protección Ambiental poteña, en octubre de 2011. Ante la nueva coyuntura, el funcionario enfatizó que "cuando la obra termine, la 9 de Julio sumará 550 árboles nativos". Desde el Partido Social responden justamente que "los árboles cumplen una función ambiental y paisajística donde se encuentran".
10) En el "informe" de 678, se critica que Greenpeace se enfoque en el gobierno nacional, y no en el gobierno porteño. Pero aquí la operación discursiva pretenden entonces equiparar la responsabilidad del Estado Nacional y de la Ciudad en un tema como la problemática ambiental. De otro modo, ¿por qué 678 no dedica alguno de sus programas a relevar la situación crítica de la mayoría de las provincias argentinas, en donde el avance de la deforestación supone violación de derechos humanos?
11) De toda la sociedad, la dirigencia política ha demostrado no estar a la altura de la circunstancia de los graves problemas ambientales. Ante la demanda de ONGs y asambleas, resulta imposible hoy no hablar de ambiente. Sin embargo, esto no significa que se lo haga desde una posición comprometida con el tema, sino que se lo subordina y utiliza con objetivos políticos- partidarios - electorales. Ojalá podamos constatar en algún momento que "los árboles (los bosques nativos) son sagrados".
Por Eduardo Soler.
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Foto de un verdadero "tree-hugger" publicada en una página conservadora. |
En los últimos días, se transformó en tema de conversación las acusaciones de 678 (como referente del oficialismo mediático) hacia la organización Greenpeace. El tema no es novedoso, y puede explicarse por la mayor influencia mediática de esta ONG, que como señalamos "discute en todos los frentes". Sin embargo, sí resulta extraña la ocasión, ante el conflicto causado por el metrobús en 9 de julio.
Por supuesto, Greenpeace puede "defenderse" por sí misma y ya ha presentado su declaración respecto al tema. En tal sentido, aquí se toma este punto para discutir otras cuestiones. En primer lugar, la superficialidad del discurso oficialista, que se legitima en primera instancia por la frase de la Presidente Cristina Fernández: "Los árboles son sagrados. Los árboles no se tocan". Enumeramos algunos puntos:
1) En primer lugar, en muchas ocasiones parte del oficialismo minimizó a esta problemática, llamando a los asambleístas contra la mega-minería con el apelativo "hippie" utilizado en forma despectiva. De este modo, se busca caracterizar al ambientalismo en general como un movimiento superficial, basado en un romántico amor a la naturaleza. La operación realizada ahora es totalmente contradictoria con esto. De hecho, otra descalificación hacia los ambientalistas es llamarlos "abraza-árboles".
2) No hay duda entonces que la frase de la Presidente fue la que causó el cambio en esta coyuntura. ¿Pero qué puede decirse de la preocupación de la mandataria sobre "los árboles"? Es cierto que la frase se aplicó a El Calafate (lo cual dará lugar a otros análisis), pero más precisamente como forma de criticar al gobierno porteño. Esto se hizo explícito por la mención a la parquización de Tecnópolis. Por lo tanto, el principal objetivo es político- partidario, enunciado en términos "verdes".
3) Se ha usado una frase común "Que el árbol no tape al bosque". Pues bien, si nos atenemos al estricto valor ecológico, no puede compararse un bosque nativo con un parque urbano. Este último por supuesto tiene relevantes funciones, pero no las de cabecera de cuenca, patrimonio de biodiversidad o sumidero de carbono. Así como el ser humano es en sociedad, el árbol es en función de su ecosistema. Si se cree realmente que el árbol es sagrado, el primer lugar para protegerlo sería en el bosque nativo.
4) Lo anterior es lo que justamente no se cumple. Tal vez una de las causas del "ataque" a Greenpeace es que esta sea una de las organizaciones con mayor poder mediático que se sumó a la denuncia por la falta de cumplimiento de la Ley de Bosques Nativos. Como también difundió ComAmbiental, desde la sanción de la Ley en 2007 no se evitó la deforestación de un millón de hectáreas. Y unido a lo anterior, tampoco es un valor meramente ecológico, puesto que se trata de "bosques con gente".
5) Por supuesto, una cuestión no quita la otra. Que un bosque nativo sea más importante que un parque urbano, no significa que éste no sea importante como tal. La fuente de preocupación se establece justamente cuando se establece su comparación. Y en ese caso cabe preguntarse, por qué 678 y otros medios oficialistas no cubren la grave problemática de la deforestación. Tal vez porque es un punto ciego que indica la continuidad y profundización del modelo sojero de los agronegocios en Argentina.
6) La última pregunta: ¿Cuán cierto es el compromiso del oficialismo nacional con los parques urbanos? Este punto es el que mayor cinismo le da a la frase de Cristina. Porque el conflicto por el metrobús no es el primero que ocurre sobre estos temas. Por ejemplo, otro muy relevante es el ocasionado por la construcción del Vial Costero en defensa del "Bosquecito" del Parque de la Costa en Vicente López. En aquella ocasión, a los "abraza-árboles" les había dedicado otro epíteto: "energúmenos".
7) Por lo tanto, la única lógica para entender la frase de Cristina no se puede explicar por su compromiso ambiental, ni siquiera por el arbolado urbano. En aquella ocasiones, Vicente López estaba gobernada por un aliado del oficialismo nacional. Tal vez si las protestas sucedieran ahora, cuando el PRO llegó al poder en ese partido, Cristina cambie su consideración para quienes defienden "El Bosquecito". Y no sean más personas "anti-progreso" sino defensores de "lo sagrado".
8) De más está decir que la crítica al discurso de la Presidente no significa una defensa al gobierno porteño de Mauricio Macri. Y reiteramos que la acusación principal es la falta de participación ciudadana en un tema importante para una Ciudad como Buenos Aires: los espacios públicos verdes. En este sentido, la discusión sobre los árboles es parcial si no entendemos también el conjunto, que es el parque urbano, del cual la 9 de julio es un caso muy particular en su forma.
9) "Ceibos en flor. Lapachos rosados a full. Palos borrachos lanzando sus algodones. La Naturaleza de Pie, por ej., en la Av. 9 de Julio", había expresado Javier Corcuera, Presidente de la Agencia de Protección Ambiental poteña, en octubre de 2011. Ante la nueva coyuntura, el funcionario enfatizó que "cuando la obra termine, la 9 de Julio sumará 550 árboles nativos". Desde el Partido Social responden justamente que "los árboles cumplen una función ambiental y paisajística donde se encuentran".
10) En el "informe" de 678, se critica que Greenpeace se enfoque en el gobierno nacional, y no en el gobierno porteño. Pero aquí la operación discursiva pretenden entonces equiparar la responsabilidad del Estado Nacional y de la Ciudad en un tema como la problemática ambiental. De otro modo, ¿por qué 678 no dedica alguno de sus programas a relevar la situación crítica de la mayoría de las provincias argentinas, en donde el avance de la deforestación supone violación de derechos humanos?
11) De toda la sociedad, la dirigencia política ha demostrado no estar a la altura de la circunstancia de los graves problemas ambientales. Ante la demanda de ONGs y asambleas, resulta imposible hoy no hablar de ambiente. Sin embargo, esto no significa que se lo haga desde una posición comprometida con el tema, sino que se lo subordina y utiliza con objetivos políticos- partidarios - electorales. Ojalá podamos constatar en algún momento que "los árboles (los bosques nativos) son sagrados".
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