La caravana a Gastre del 17 de junio de 1996 es recordada como un verdadero hito en la historia ambiental: no sólo de Chubut, o de la Patagonia, sino de la Argentina. La "epopeya antinuclear" comenzó en 1986 con las primeras noticias respecto a un proyecto para construir un basurero de residuos nucleares en Gastre (centro-norte de Chubut) y se consolidó en 1996 cuando avanzó un proyecto legislativo nacional al respecto. En este artículo, la investigadora Ayelen Dichdji reconstruye la historia del Movimiento Antinuclear de Chubut (MACH) liderada por Javier Rodríguez Pardo, como una lección de rebelión democrática territorial frente a las imposiciones de la tecnocracia nuclear globalizada.
Para comprender la situación debemos retrotraernos a 1986 cuando, a nivel internacional, se produce el mayor desastre nuclear conocido hasta ese momento en el mundo: estalla el reactor de Chérnobil en Ucrania, dejando contaminado al territorio occidental de la URSS y llegando a Europa Occidental. En la actualidad la zona es inhabitable. Este hecho origina el incremento de las protestas y demandas de los ciudadanos europeos para poner fin a los programas nucleares.
Dos meses después, al otro lado del Atlántico, la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) de Argentina anuncia -sin previa consulta o discusión con los pobladores de la localidad de Gastre (Chubut)- que cuentan con un proyecto para instalar un repositorio nuclear en la zona que ya se encontraba habilitado. Si bien se presenta como una posibilidad de incrementar las fuentes de trabajo, en realidad es una falacia que esconde el verdadero objetivo: convertir a la Patagonia en el basurero nuclear del mundo. La oposición no demora en tomar acciones y se consolida como un hito en la historia del movimiento ambiental en el país.
Pensemos que, en aquel entonces, Gastre contaba con: una iglesia, un colegio –encargado de la formación de los/las niños/as en todos los niveles-, un hospital y una repetidora de señales de televisión. Al inicio de este conflicto el servicio de alumbrado público en el lugar era de gas mercurio y el colegio contaba con 40 alumnos. Geográficamente, la zona se ubica a 980 metros sobre el nivel del mar, en medio de la meseta patagónica. Las lluvias allí son escasas y predomina un paisaje agreste. Estos son datos imprescindibles para entender cómo y porqué eligieron este lugar inhóspito (al menos desde el punto de vista externo) para instalar el basurero nuclear.
Javier Rodríguez Pardo se convierte en el protagonista indiscutible de los debates, ecologista, periodista y escritor que levanta la voz en contra de la construcción de este sumidero. Escribe el Manifiesto Antinuclear de Chubut, donde se presentan las 40 razones que sentencian la instalación del repositorio nuclear en la Patagonia. Este documento da inicio a las acciones colectivas que consiguen frenar el proyecto de la CNEA, dando nacimiento al Movimiento Antinuclear del Chubut (MACH), como primera organización constituida íntegramente por los vecinos de la provincia patagónica, una de las ONG más longevas del sur de Argentina.
Allí se declara: la inexistencia de repositorios nucleares de esta magnitud en el mundo; la peligrosidad que conllevan los residuos radioactivos; se señala que Argentina no cuenta con la cantidad de desechos que amerite una construcción de esta envergadura, lo cual invita a sospechar de una doble intención para importar basura del exterior. También se da cuenta de la generación de diversas enfermedades -entre ellas el cáncer, deformaciones- por el contacto con estas sustancias en el aire, suelo y agua. Se subraya, además, que en algunos países del primer mundo es obligación consultar por voto popular antes de instalar centrales nucleares. En Argentina para la época son cada vez más los municipios declarados no nucleares y varias las provincias que legislaron contra la instalación de repositorios y tránsito de residuos de esta magnitud.
En octubre de 1986 se registra la primera acción colectiva en oposición a este basurero cuando el MACH, durante los festejos por el centenario de la ciudad de Trelew, le acerca al presidente Raúl Alfonsín esta proclama bajo el lema “No al basurero nuclear: Señor presidente no firme”. El mandatario manifesta, en ese mismo acto, que no haría nada que pusiera en peligro a esa u otra región del país. Así, el primer paso estaba dado y sentaba los antecedentes necesarios para continuar con esta pugna.
El basurero nuclear resulta incompatible con la eventual explotación minera del norte de la provincia. Sumado a esto, la existencia ulterior del basurero es incongruente con el desarrollo turístico de las provincias de Chubut, Rio Negro, Neuquén y la Patagonia entera. Como también parece contraria con la explotación ganadera y la exportación de su lana. Los cuestionamientos sobre el impacto que el desarrollo e implementación del proyecto puede generar en el ambiente y en la salud eran numerosos. La población se enfrenta a procesos políticos y económicos que atentan contra los recursos naturales y las condiciones de vida presentes y futuras de los habitantes.
El 17 de junio de 1996 una multitudinaria caravana nutrida por delegaciones de todo el país conecta más de 400 kilómetros de ripio que separan a Trelew de Gastre, para demostrar el descontento popular por la intención de las autoridades nacionales de radicar un basurero. Fueron 16 colectivos y casi 50 camionetas que trasladaron a los chubutenses hasta el poblado de Gastre, sin contar los vecinos que fueron en vehículos particulares desde Trelew, Comodoro Rivadavia, Puerto Madryn, Esquel, Bariloche e Ingeniero Jacobacci. Una consigna clara: se tiene que luchar contra el intento de los diputados nacionales de vulnerar la Constitución provincial del Chubut, que prohíbe expresamente la creación de un repositorio atómico en su territorio.
Paulatinamente, la plaza del pueblo se fue completando con los manifestantes que colmaron el lugar como nunca se había visto. Diferentes cánticos se llegaron a corear en esas horas: “queremos un mundo sin contaminación, no al basurero nuclear”; “No, no, no. El que no salta es atómico”; “sí a la vida. Aguante Gastre”. En la marcha se encuentran vecinos, estudiantes, diputados nacionales, el gobernador, el presidente del Movimiento Antinuclear Chubutense, el intendente, docentes.
Los testimonios de los participantes son contundentes y sus temores concretos. La situación genera una gran incertidumbre porque se teme que la legislatura provincial avale el proyecto pese a la oposición popular. Impedir que se autorice el primer repositorio de residuos radiactivos del planeta es un objetivo tan ambicioso como necesario. En este sentido, la movilización y la acción colectiva son la única alternativa que tienen para hacerse escuchar y para visibilizar el conflicto.
Uno de los aspectos fundamentales para destacar es que las acciones de resistencia que se desarrollaron en la Patagonia establecen una discusión directa sobre el problema, poniendo en relieve los procesos democráticos e incorporando a diferentes sectores de la sociedad al debate. Esto permite ofrecer un lugar central a los protagonistas del conflicto, los pobladores locales. Como actores sociales son claves en la exposición e instalación del caso en la opinión pública. Supieron promover la conformación de movimientos integrados por figuras pertenecientes a diversos estratos, con diferentes edades, experiencias, recorridos de vida y formaciones, mediante el establecimiento de asambleas y reuniones vecinales, foros y charlas. Transformando, de esta manera, el proyecto de la CNEA en una disputa pública. Estas acciones tuvieron un impacto considerable en la resolución del conflicto y ocuparon un espacio de significativa visibilidad en la esfera pública gracias a la cobertura mediática que alcanzó.
Un año más tarde la CNEA anuncia oficialmente la desactivación de esta iniciativa. No queda duda que esta resolución es consecuencia de las acciones sociales de resistencia, uno de los efectos de la permanente movilización. La provincia de Chubut es pionera en implementar modificaciones sustanciales en su carta magna en materia ambiental, esto le permite presentar argumentos sólidos en las diferentes instancias de lucha. Podemos considerar, entonces, el caso de Gastre como pionero en establecer una controversia socioambiental en Argentina. Se defiende el territorio, los recursos naturales y económicos junto al bienestar social propio con base en la resistencia. Un hecho de trascendencia que permite forjar identidades que se estructuran de acuerdo con la construcción de valores y experiencias. Que se afianzan fortaleciendo las luchas con mayor organización, conocimiento, transformándose en instrumentos nodales para materializar las demandas.
Los conflictos socioambientales en Argentina persisten en la actualidad y todavía requieren de luchas, ya que el modelo dominante continúa vigente con cambios o retrocesos. Por consiguiente, resulta relevante ofrecer un espacio al conocimiento de estos conflictos en torno a los cuales la participación ciudadana cobra entidad, se articula dando lugar a un ejercicio democrático -descentralizado y directo- que cuestiona el modelo de desarrollo económico hegemónico desde acciones pacíficas de resistencia.
* Ayelen Dichdji. Doctora en Ciencias Sociales y Humanas (UNQ), Licenciada en Comunicación Social (UNQ), becaria postdoctoral del CONICET y miembro del Centro de Estudios de la Argentina Rural (CEAR-UNQ). E-mail: adichdji@yahoo.com.ar // adichdji@conciet.gov.ar
Dossier n° 3: "La crisis nuclear en el mundo. A 10 años de Fukushima-I".
Dossier N° 3 "La crisis nuclear en el mundo. A 10 años de Fukushima"
CRÓNICA
Por Ayelen Dichdji*
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Una multitud llegó a Gastre en la mañana nevada del 17 de junio de 1996. Crédito: Alex Dukal. |
La provincia de Chubut, ubicada en la zona patagónica al sur de Argentina, se puede considerar como semillero de la batalla en conflictos socioambientales en el país. Pero, ¿qué tiene en común una región dominada por los climas áridos que alberga ambientes geográficos diversos con las luchas socioambientales? Todo. Aunque parezca desmedida, la afirmación cobra sentido cuando pensamos que el territorio albergó la primera disputa ambiental que dio lugar al fortalecimiento del movimiento ambiental en Argentina.
Para comprender la situación debemos retrotraernos a 1986 cuando, a nivel internacional, se produce el mayor desastre nuclear conocido hasta ese momento en el mundo: estalla el reactor de Chérnobil en Ucrania, dejando contaminado al territorio occidental de la URSS y llegando a Europa Occidental. En la actualidad la zona es inhabitable. Este hecho origina el incremento de las protestas y demandas de los ciudadanos europeos para poner fin a los programas nucleares.
Dos meses después, al otro lado del Atlántico, la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) de Argentina anuncia -sin previa consulta o discusión con los pobladores de la localidad de Gastre (Chubut)- que cuentan con un proyecto para instalar un repositorio nuclear en la zona que ya se encontraba habilitado. Si bien se presenta como una posibilidad de incrementar las fuentes de trabajo, en realidad es una falacia que esconde el verdadero objetivo: convertir a la Patagonia en el basurero nuclear del mundo. La oposición no demora en tomar acciones y se consolida como un hito en la historia del movimiento ambiental en el país.
Pensemos que, en aquel entonces, Gastre contaba con: una iglesia, un colegio –encargado de la formación de los/las niños/as en todos los niveles-, un hospital y una repetidora de señales de televisión. Al inicio de este conflicto el servicio de alumbrado público en el lugar era de gas mercurio y el colegio contaba con 40 alumnos. Geográficamente, la zona se ubica a 980 metros sobre el nivel del mar, en medio de la meseta patagónica. Las lluvias allí son escasas y predomina un paisaje agreste. Estos son datos imprescindibles para entender cómo y porqué eligieron este lugar inhóspito (al menos desde el punto de vista externo) para instalar el basurero nuclear.
Javier Rodríguez Pardo se convierte en el protagonista indiscutible de los debates, ecologista, periodista y escritor que levanta la voz en contra de la construcción de este sumidero. Escribe el Manifiesto Antinuclear de Chubut, donde se presentan las 40 razones que sentencian la instalación del repositorio nuclear en la Patagonia. Este documento da inicio a las acciones colectivas que consiguen frenar el proyecto de la CNEA, dando nacimiento al Movimiento Antinuclear del Chubut (MACH), como primera organización constituida íntegramente por los vecinos de la provincia patagónica, una de las ONG más longevas del sur de Argentina.
Allí se declara: la inexistencia de repositorios nucleares de esta magnitud en el mundo; la peligrosidad que conllevan los residuos radioactivos; se señala que Argentina no cuenta con la cantidad de desechos que amerite una construcción de esta envergadura, lo cual invita a sospechar de una doble intención para importar basura del exterior. También se da cuenta de la generación de diversas enfermedades -entre ellas el cáncer, deformaciones- por el contacto con estas sustancias en el aire, suelo y agua. Se subraya, además, que en algunos países del primer mundo es obligación consultar por voto popular antes de instalar centrales nucleares. En Argentina para la época son cada vez más los municipios declarados no nucleares y varias las provincias que legislaron contra la instalación de repositorios y tránsito de residuos de esta magnitud.
La lucha no violenta también es un camino
En octubre de 1986 se registra la primera acción colectiva en oposición a este basurero cuando el MACH, durante los festejos por el centenario de la ciudad de Trelew, le acerca al presidente Raúl Alfonsín esta proclama bajo el lema “No al basurero nuclear: Señor presidente no firme”. El mandatario manifesta, en ese mismo acto, que no haría nada que pusiera en peligro a esa u otra región del país. Así, el primer paso estaba dado y sentaba los antecedentes necesarios para continuar con esta pugna.
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"¿Dónde escondo lo que fabriqué?" Fuente: folleto creado por MACH y RENACE |
El basurero nuclear resulta incompatible con la eventual explotación minera del norte de la provincia. Sumado a esto, la existencia ulterior del basurero es incongruente con el desarrollo turístico de las provincias de Chubut, Rio Negro, Neuquén y la Patagonia entera. Como también parece contraria con la explotación ganadera y la exportación de su lana. Los cuestionamientos sobre el impacto que el desarrollo e implementación del proyecto puede generar en el ambiente y en la salud eran numerosos. La población se enfrenta a procesos políticos y económicos que atentan contra los recursos naturales y las condiciones de vida presentes y futuras de los habitantes.
El MACH, como movimiento socioambiental, fue progresando paulatinamente y consolidándose a través de acciones de lucha no violenta. Los encuentros de discusión, debate y concientización se realizaban en escuelas locales; también se difunde la información que recopilaban en esas charlas y con panfletos; se explicaban los perjuicios de estas actividades para el medio ambiente y para la comunidad de manera clara y concreta. Se dictaban conferencias a nivel nacional e internacional que permitieron divulgar la problemática.
Estas acciones fueron incrementando el caudal de asambleas que se gestaban y, al mismo tiempo, permitían declarar municipios no nucleares dentro de la Patagonia consiguiendo la adhesión tanto de concejales como de intendentes locales. El debate antinuclear no dio tregua, por el contrario, continúa vigente durante los diez años que siguieron al emblemático octubre de 1986, donde se consigue frenar el proyecto por diez años.
Sin embargo, y pese a todos los esfuerzos, durante el gobierno de Carlos Saúl Menem en 1996, la Comisión de Energía de Diputados de la Nación aprueba la instalación del sumidero nuclear en Argentina. Es el punto de inflexión por el cual las organizaciones ambientalistas convocaron a una manifestación general, que tuvo como epicentro la localidad de Gastre, con el fin de oponerse nuevamente a este proyecto. Entre los convocados se destacaron el MACH, SER, la Fundación Patagonia Natural, RENACE, la Fundación para la Defensa del Ambiente (FUNAM), y la filial argentina de la ONG internacional Greenpeace. La prensa nacional no descuida el evento, pese a la polarización de intereses que conlleva la problemática, brindando legitimidad tanto a la discusión como a las diversas posturas presentes en la discusión. El hecho es conocido como la epopeya chubutense.
Estas acciones fueron incrementando el caudal de asambleas que se gestaban y, al mismo tiempo, permitían declarar municipios no nucleares dentro de la Patagonia consiguiendo la adhesión tanto de concejales como de intendentes locales. El debate antinuclear no dio tregua, por el contrario, continúa vigente durante los diez años que siguieron al emblemático octubre de 1986, donde se consigue frenar el proyecto por diez años.
Sin embargo, y pese a todos los esfuerzos, durante el gobierno de Carlos Saúl Menem en 1996, la Comisión de Energía de Diputados de la Nación aprueba la instalación del sumidero nuclear en Argentina. Es el punto de inflexión por el cual las organizaciones ambientalistas convocaron a una manifestación general, que tuvo como epicentro la localidad de Gastre, con el fin de oponerse nuevamente a este proyecto. Entre los convocados se destacaron el MACH, SER, la Fundación Patagonia Natural, RENACE, la Fundación para la Defensa del Ambiente (FUNAM), y la filial argentina de la ONG internacional Greenpeace. La prensa nacional no descuida el evento, pese a la polarización de intereses que conlleva la problemática, brindando legitimidad tanto a la discusión como a las diversas posturas presentes en la discusión. El hecho es conocido como la epopeya chubutense.
Chubut está de pie y le dice no al basurero nuclear
El 17 de junio de 1996 una multitudinaria caravana nutrida por delegaciones de todo el país conecta más de 400 kilómetros de ripio que separan a Trelew de Gastre, para demostrar el descontento popular por la intención de las autoridades nacionales de radicar un basurero. Fueron 16 colectivos y casi 50 camionetas que trasladaron a los chubutenses hasta el poblado de Gastre, sin contar los vecinos que fueron en vehículos particulares desde Trelew, Comodoro Rivadavia, Puerto Madryn, Esquel, Bariloche e Ingeniero Jacobacci. Una consigna clara: se tiene que luchar contra el intento de los diputados nacionales de vulnerar la Constitución provincial del Chubut, que prohíbe expresamente la creación de un repositorio atómico en su territorio.
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"Chubut no es un basurero. Y mucho menos nuclear" Fuente: Red de Acción de Ecologistas |
Paulatinamente, la plaza del pueblo se fue completando con los manifestantes que colmaron el lugar como nunca se había visto. Diferentes cánticos se llegaron a corear en esas horas: “queremos un mundo sin contaminación, no al basurero nuclear”; “No, no, no. El que no salta es atómico”; “sí a la vida. Aguante Gastre”. En la marcha se encuentran vecinos, estudiantes, diputados nacionales, el gobernador, el presidente del Movimiento Antinuclear Chubutense, el intendente, docentes.
Los testimonios de los participantes son contundentes y sus temores concretos. La situación genera una gran incertidumbre porque se teme que la legislatura provincial avale el proyecto pese a la oposición popular. Impedir que se autorice el primer repositorio de residuos radiactivos del planeta es un objetivo tan ambicioso como necesario. En este sentido, la movilización y la acción colectiva son la única alternativa que tienen para hacerse escuchar y para visibilizar el conflicto.
Uno de los aspectos fundamentales para destacar es que las acciones de resistencia que se desarrollaron en la Patagonia establecen una discusión directa sobre el problema, poniendo en relieve los procesos democráticos e incorporando a diferentes sectores de la sociedad al debate. Esto permite ofrecer un lugar central a los protagonistas del conflicto, los pobladores locales. Como actores sociales son claves en la exposición e instalación del caso en la opinión pública. Supieron promover la conformación de movimientos integrados por figuras pertenecientes a diversos estratos, con diferentes edades, experiencias, recorridos de vida y formaciones, mediante el establecimiento de asambleas y reuniones vecinales, foros y charlas. Transformando, de esta manera, el proyecto de la CNEA en una disputa pública. Estas acciones tuvieron un impacto considerable en la resolución del conflicto y ocuparon un espacio de significativa visibilidad en la esfera pública gracias a la cobertura mediática que alcanzó.
Un año más tarde la CNEA anuncia oficialmente la desactivación de esta iniciativa. No queda duda que esta resolución es consecuencia de las acciones sociales de resistencia, uno de los efectos de la permanente movilización. La provincia de Chubut es pionera en implementar modificaciones sustanciales en su carta magna en materia ambiental, esto le permite presentar argumentos sólidos en las diferentes instancias de lucha. Podemos considerar, entonces, el caso de Gastre como pionero en establecer una controversia socioambiental en Argentina. Se defiende el territorio, los recursos naturales y económicos junto al bienestar social propio con base en la resistencia. Un hecho de trascendencia que permite forjar identidades que se estructuran de acuerdo con la construcción de valores y experiencias. Que se afianzan fortaleciendo las luchas con mayor organización, conocimiento, transformándose en instrumentos nodales para materializar las demandas.
Los conflictos socioambientales en Argentina persisten en la actualidad y todavía requieren de luchas, ya que el modelo dominante continúa vigente con cambios o retrocesos. Por consiguiente, resulta relevante ofrecer un espacio al conocimiento de estos conflictos en torno a los cuales la participación ciudadana cobra entidad, se articula dando lugar a un ejercicio democrático -descentralizado y directo- que cuestiona el modelo de desarrollo económico hegemónico desde acciones pacíficas de resistencia.
Sobre la autora:
* Ayelen Dichdji. Doctora en Ciencias Sociales y Humanas (UNQ), Licenciada en Comunicación Social (UNQ), becaria postdoctoral del CONICET y miembro del Centro de Estudios de la Argentina Rural (CEAR-UNQ). E-mail: adichdji@yahoo.com.ar // adichdji@conciet.gov.arLeer también:
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